viernes, 2 de julio de 2010

EL VIDRIO Y SUSANA APARICIO ORTIZ


Tenía muchas ganas de escribir esta entrada, porque el trabajo con el vidrio es otra de mis grandes pasiones. Pasión que debo, sin lugar a dudas, a Susana Aparicio Ortiz. Os cuento una historieta.

Hace ya bastantes años compré el libro La nueva joyería de Carles codina. Cuando lo ojeé pude comprobar que era un ejemplar en el que el autor pretendía salir de los cánones clásicos de la joyería y constatar que hay un nuevo camino en cuanto a materiales y formas. Lo leí y estudié en profundidad y quedé absolutamente fascinada con la parte que dedicó al vidrio.

Hipnotizada con aquellas cuentas, las transparencias, los brillos, las formas… no había caído en la cuenta de que esa parte no había sido escrita por Carles Codina sino por una artesana que se llamaba Susana Aparicio. Así que embrujada por esos trabajos busqué información sobre ella en internet. Y mi gran sorpresa fue descubrir que además impartía clases nada más y nada menos que en el Centre del Vidre de Barcelona.

Casi babeando miraba y remiraba los cursos y los precios, pero por más cuentas que hiciera me era imposible pagarlos. Sin embargo la solución apareció ante mí: en mi trabajo había una partida presupuestaria dedicada a formación y podría alojarme en casa de mi amiga Isabel. Así que después de mucho insistir en el trabajo, conseguí matricularme.

Cuando uno se inscribe en un curso de un artista que no conoce siempre existe la duda de si realmente se cubrirán las expectativas, y las mías eran muy altas.

Con nervios, aparecí allí el primer día y la primera impresión al ver a Susana fue excelente. Era cercana, firme y muy profesional, me hizo sentir confianza en ella desde el primer instante. Y aquello era realmente importante puesto que iba a pasar con ella los próximos cinco días, más de 50 horas con ella.


La didáctica de Susana resultó fantástica, yo no había trabajado con un soplete en mi vida y tenía cierto temor a eso de tener una llama a 900ºC delante de mí, pero me enseñó, no sólo a perderle el miedo, sino a valorar, a amar esa ‘miel incandescente’. A dominarla, moldearla, enfriarla o calentarla a mí antojo para dar la forma y color que quería obtener.

En ese curso hubo momentos maravillosos, cómo aquel en el que 20 personas nos quedamos en absoluto silencio, absortos, trabajando el vidrio, mientras Susana, con voz firme nos recitaba un poema.
Es fácil ser buena cuando todo anda bien, pero dónde se demuestra la valía de un profesional es en los momentos conflictivos. Aquel grupo que formábamos casi 20 alumnos ha sido de los más difíciles que he visto dentro de un aula, aquello se podría haber convertido en un polvorín a punto de estallar, demasiados egos artísticos que Susana supo apaciguar y tratar.

Su trato con nosotros no se redujo al aula exclusivamente, durante los descansos, almuerzos y comidas Susana estuvo con aquellos que quisimos. Las conversaciones con ella fueron enriquecedoras. Analizó y valoró nuestros trabajos como artesanas, incitándonos a luchar por él. Aquellos días fueron fantásticos en todos los sentidos.

Como artesana, es una activista, siempre en movimiento, inventando y reinventándose. Luchando por la dignidad de la artesanía, por la valoración de un sector que en estos tiempos de tecnología, máquinas y dinero está cada vez más desvalorizado, y sin embargo ella consigue aunar todo eso y ponerlo en el lugar dónde se merece. Además, su trabajo con el vidrio es impactante, sus piezas hablan por sí solas.


A nivel personal sólo tengo elogios para ella, en momentos en los que yo no he visto salidas de ningún tipo, ella me ha ofrecido su compañía, su casa, su apoyo. Oportunidades profesionales que no pude aprovechar y aún así, Susana siempre está ahí.

De ella aprendí que hay que hacer, al menos, un curso importante al año. Incluso he ‘tomado prestados’ algunos de sus ‘trucos’ didácticos en mis clases.

De Susana resalto su gran humanidad, algo que se echa en falta actualmente. No es egoísta, te cuenta sus secretos, comparte y siempre la he visto con una sonrisa en la boca aunque no tuviera motivos.
Buscad información y regocijaos con su trabajo y su persona.

Susana es todo un lujo.

http://www.fila5.com/
http://reciclamadrid.wordpress.com/

jueves, 1 de julio de 2010

ODIO A HELLO KITTY

Dicen que tengo una capacidad innata e inconmensurable para ignorar ciertas cosas que no me interesan. Ello no significa que las desconozca, simplemente me blindo ante aquello que me molesta de una u otra forma.

Pero hay veces que esa capacidad se ve sobrepasada porque el bombardeo es tan extremo que sólo un necio podría ignorarlo. Es más o menos lo que me viene ocurriendo en el último año y medio, ¡qué casualidad! coincide con el tiempo que ha transcurrido desde que tuve a Marc. Y es que salir a comprar una simple camiseta para mi hijo supone verse inmersa en un mundo de Hell-o-Kittys (permitidme el juego de palabras): vestidos, camisetas, faldas, zapatos, carteras… y no queda ahí la cosa, también nos invaden con artículos de playa, joyería, teléfonos móviles, tubos de escape, aviones, incluso he visto unas imágenes de un AK-47 de Hell-o-Kitty.

Me he visto inmersa en varias conversaciones sobre este engendro en los últimos días, incluso he tenido que aguantar que algunas personas me dijeran que estoy traumatizada porque en mi infancia no tuve a la tierna y rosada gatita conmigo. Ya sé que estoy loca, pero no es precisamente por haber elegido jugar con arcilla, correr por los montes intentando cazar conejos o preferir una tarde de lectura a jugar con la gatita en cuestión.

Pero, ¿por qué la odio? Pues fundamentalmente porque se trata de una representación diabólica del merchandising. Eso ya es razón más que suficiente, pero por si fuera poco, ¿os habéis fijado que la gatita no tiene boca? Sus creadores han impedido que pueda expresarse, sonreír o besar. Además es blanca, claro, todos sabemos que la mayoría de los gatos son blancos. Y rosa, porque va dirigida a las niñas.

¿De verdad queremos una imagen así de la mujer? Rosa, blanca, tierna y MUDA.
Yo no, yo odio a Hell-o-Kitty.

miércoles, 30 de junio de 2010

JOSEF ALBERS

Una clase del curso preparatorio de Josef Albers en la Bauhaus.

El pintor Hannes Beckmann describía su primer día de clase:

Recuerdo el primer día de clase como si lo estuviera viviendo: Josef Albers entró en el aula con un hatillo de periódicos bajo el brazo, que luego repartió entre los estudiantes. Después se dirigió a nosotros y dijo, más o menos:

‘Damas y caballeros: nosotros somos pobres y no ricos. No podemos permitirnos perder material ni tiempo. Tenemos que hacer de lo peor lo mejor. Cada obra de arte tiene un material de partida muy concreto, y , por eso, lo primero que tenemos que hacer es investigar cómo se ha logrado este material. A este objeto vamos a experimentar antes de nada, sin necesidad de que produzcamos algo. De momento anteponemos la destreza a la belleza. La prodigalidad de la forma depende del material con que trabajemos. Recuerden que a menudo se consigue más con el menor esfuerzo. Este estudio deberá motivar a pensar constructivamente. ¿Me han comprendido? Quiero que ahora tomen los periódicos que han recibido, y que hagan de ellos más de lo que por el momento son. También quiero que respeten el material, que lo usen adecuadamente y sean conscientes de sus cualidades. Si pueden arreglárselas sin otros medios, cuchillos, tijeras o cola, tanto mejor. ¡Qué se diviertan!’

Pasadas unas horas regresó al aula y nos hizo extender los resultados de nuestros esfuerzos en el suelo. Había máscaras, barcas, castillos, aviones, animales y diversas figuritas ingeniosamente discurridas, El calificativo que nuestras creaciones merecieron fue ‘cosas de parvulitos’. Albers opinaba que para esas composiciones había materiales más adecuados. Luego señaló una composición extremadamente simple; un joven arquitecto húngaro la había realizado. No había hecho otra cosa que doblar el periódico a lo largo de tal modo, que se sostenía en pie como un ala.

Ahora nos explicaba Josef Albers que bien había sido entendida la naturaleza del material tan blando en rígido, tan rígido, que podía sostenerse sobre su parte más delgada –sobre el canto-. Continuó explicándonos que un periódico sobre la mesa tiene solamente un lado activamente visual, el resto queda oculto. Si el periódico está en pie, entonces es activamente visual por los dos lados. Con ello pierde el papel su aburrido aspecto exterior, su cansancio. El curso preparatorio era como una terapia de grupo.
A través de la comparación de todas las soluciones halladas por los demás estudiantes, aprendíamos con rapidez a encontrar la solución más deseable de una tarea. Y aprendíamos a criticarnos a nosotros mismos; eso era más importante que criticar a los demás. Esta especie de lavado de cerebro por el que pasábamos en el curso preparatorio nos llevaba, sin lugar a duda, a pensar con claridad.
Título: Bauhaus1919 – 1933 (Bauhaus Archiv)
Autora: Magdalena Droste
Editorial: Taschen