viernes, 11 de junio de 2010

CARTA ABIERTA A HÉCTOR CASTILLA


“Querido Héctor”:

Cuando leí el último correo que me mandaste me quedó muy claro que no querías tener ningún tipo de contacto conmigo. Tus palabras fueron demasiado hirientes, tanto que el dolor terminó por derrumbar lo poco que habías dejado en pie.

Hacía días que había decidido desterrarte de mi vida, justo desde el instante en el que me negaste la palabra ¡qué ironía, tú negando la palabra!

Así que, si "vas a hacer todo lo posible por no volver a tener ningún tipo de contacto conmigo en lo que te queda de vida" ¿Por qué cojones has buscado este blog y por qué lo lees a diario?

Lárgate de mi vida, pedazo de mierda, déjame en paz y ¡QUÉ TE VAYAN DANDO MUCHO POR EL CULO!

Anita.

jueves, 10 de junio de 2010

VALENTINA


Ya que ayer dediqué una entrada a una publicación de Guido Cepax, hoy me apetece dedicársela a Valentina, su personaje más conocido.

Valentina (Rosselli) es una fotógrafa de curvas perfectas y piernas interminables que con el tiempo se convirtió en el mito erótico para varias generaciones.

En Valentina hay erotismo, pero también muchas otras componentes como la aventura, el trabajo, los problemas sentimentales y familiares, etcétera, por eso me desagrada que haya gente que la ve sólo como una figura erótica.
Crepax tuvo problemas con las feministas que criticaban su obra. Aunque nunca lo entendió del todo, en sus propias palabras:

Realmente no lo entiendo, en Valentina se defiende la emancipación de la mujer en todos los sentidos.
Para concebir la imagen de Valentina, Guido Crepax se inspiró en la actriz estadounidense Louise Brooks.



Me gusta el juego de la doble vida, el mundo de la fantasía en donde cualquier cosa puede suceder. La belleza de la fantasía no sería lo que es si no existiera la otra cara de la moneda, la realidad. Si el mundo onírico es la fuga de la realidad, la realidad es el equilibrio a la fantasía ilimitada de que puede ser capaz cualquier ser humano. Me acuerdo que cuando yo era pequeño me pasaba horas y horas encima de los libros de hadas. Cuentos llenos de viejas brujas, princesas, dragones; aún ahora me fascina este mundo.
Valentina ha sido y es un icono para mí, durante años, en mis ‘escritos secretos’ la protagonista se ha llamado Valentina.


¿Os habéis fijado en mi pelo?... Pues eso.

miércoles, 9 de junio de 2010

VALENTINA PRESENTA: POE-H-ANITA


Hacía tiempo que no leía nada de Guido Crepax, hasta que hace unos días cayó en mis manos este fantástico ejemplar llamado Valentina presenta: Poe-H-Anita que no conocía.

En el prólogo de las cuatro historias de Crepax, Emilio Tadini escribe:

La Historia De H

1.- Se ha escrito mucho sobre el contenido, sobre la moral de las historias de Guido Crepax. Creo que debería escribirse con más frecuencia sobre sus dibujos, es decir, sobre cómo están hechos. Está claro que el modo como se cuentan esas historias, con esos dibujos tan especiales, no es un problema aparte. El contenido siempre actúa con una concreción inmediata en la realización de las formas. Las historias de Crepax son lo que son porque aparecen dibujadas de una determinada manera en una página. Y si queremos comprenderlas en toda su profundidad, debemos partir precisamente de esos dibujos. Si hubieran sido dibujadas por otros, las mismas historias no serían como son. Esta es una verdad elemental y creo que es tenida muy en cuenta. (Muy frecuentemente se habla con desprecio y estupidez de formalismo, sólo porque en realidad no se es capaz de comprender algo que no sea una pura idea).

2.- La exclusión de los colores (la reducción al contraste entre el blanco y el negro) es, ante todo, el fruto de un condicionamiento. Por lo general, las revistas y periódicos no publican las historias en color. Pero Crepax, viéndose en la obligación de trabajar dentro de esos límites precisos, elaboró un dibujo en el que las posibilidades del trazado sin matices crecen y se multiplican. Las figuras de Crepax no están definidas por un perfil especialmente acentuado. Lo que se impone es más bien la complicación de los trazos que definen las figuras, en contraste con grandes zonas en blanco. Y este contraste contribuye a explicar de un modo muy particular el estilo narrativo de Crepax. No es solamente un contraste entre ondulaciones, zonas de sombra y zonas de luz. Es un contraste que actúa incluso a nivel narrativo; un retorcimiento de la imaginación que excluye esa transparencia propia de las cosas reales o cualquier definición sintética de la realidad en el dibujo.

3.- Un elemento muy importante en el dibujo narrativo de Guido Crepax es el espacio, el espacio global de la página. Incluso se ha hablado de montaje cinematográfico. Pero si se puede hablar de montaje, es más bien de aquel que procede elásticamente y con absoluta libertad en la escritura de una historia. El ritmo que resulta de tal montaje es, paradójicamente, no tanto un ritmo visible cuanto un ritmo interior que nace de la escritura. Y se trata de un ritmo sincopado: los detalles sirven no solo para confirmar las escenas de conjunto, sino más bien para contradecirlas, para indicar los elementos que introducen de golpe desviaciones enormemente expresivas. A veces tendemos a ver una página en conjunto, en su estructura general. Pero en seguida buscamos precisamente los detalles, los recuadros más pequeños, donde algunos aspectos apenas insinuados introducen en la historia el sentido profundo de su complicación.


4.- Las figuras de Crepax (siempre claramente dominantes respecto a los objetos o a los mismos ambientes en que se encuentran) tienen algo especial que parece proceder de una iconografía extremadamente amanerada. En particular, las figuras de mujer. No hay nada realista en estas figuras: ni siquiera la norma de una anatomía genéricamente estilizada. La energía que altera estas figuras, que las alarga, que las coloca en las típicas perspectivas de abajo arriba, es precisamente la energía de una historia completamente original. Empujada por la imaginación, la realidad se desenvuelve, se amplía hasta la paradoja: se deforma en sus significados. Y los personajes parecen mostrar una especie de exaltación del propio cuerpo, como si esto fuese el símbolo de su moralidad o inmoralidad, de su deseo de libertad o de su instinto sádico de destrucción ajena.


5. H es la inicial de Hombre. Y el protagonista de esta historia de Crepax es un intelectual medio en un contexto social vagamente (aunque no mucho) futurista. El protagonista es el único ser humano que aparece en la historia, aparte los jóvenes contestatarios. Los demás seres con los que se relaciona son animales. Y el mecanismo que rige la invención y la historia no es demasiado sencillo. Es más bien ambiguo. Pero es precisamente esta ambigüedad la que actúa expresivamente entre el dibujo y el texto. ¿Es el protagonista quien se imagina que todos los demás son animales, que los ve así? ¿O tenemos que ser nosotros? Mientras el problema queda abierto y sin resolver, nosotros acabamos insensiblemente por aceptar la norma de esta anormalidad. Si H es una historia inquietante, lo es precisamente por esto: por la alteración profunda que introduce con descarada simplicidad en un contexto social medio, entre apartamentos, oficinas, una salita, una plaza. Ciertamente todas las metáforas visualizadas (mujer-yegua, funcionario-rinoceronte, policías-cocodrilos) tienen un sentido muy explícito, incluso en sus pretendidas referencias a ciertos lugares comunes. Pero, a mi parecer, el mecanismo más activo consiste precisamente en la reducción elemental y pacífica de lo imaginado a una dimensión cotidiana. Y esto ciertamente tiene un significado. Crepax cambia las apariencias de la realidad. Y sin trucos que sirvan para justificar (para dislocar en la imaginación) la operación. Y este cambio –en el que se sustituyen todas las relaciones consideradas de ordinario normales y se produce en el lector una sensación entre placer e inquietud, donde se cruzan la evasión y la realidad- se considera el principal valor expresivo. En esta, como en todas las historias de Crepax, el sentido, el significado, está ya ahí, al cien por cien. No sólo en la enfatización fantástica de ciertos aspectos de la realidad, especialmente en este espontáneo cambio de sentido de la naturaleza. Esa que se nos muestra como la naturaleza de lo no-natural. La moral, a mi parecer, ya está en la fábula: y nos compromete personalmente.