viernes, 21 de mayo de 2010

LA ESTÉTICA TRADICIONAL JAPONESA (I)


Los antiguos japoneses, inspirados por la antigua religión Sinto, conciben la fabricación del sable como un trabajo de alquimia en el que la armonía interior del forjador es más importante que sus capacidades técnicas. Antes de forjar una hoja, el maestro armero pasaba varios días meditando y después se purificaba practicando abluciones de agua fría. Una vez vestido con hábitos blancos ponía manos a la obra, en las mejores condiciones interiores para crear un arma de calidad. Cuento zen, fragmento.

Al igual que en el resto de las culturas asiáticas, los fundamentos de la estética japonesa descansan sobre una base sagrada. Un pilar que sustenta, influye y modela cada una de las expresiones artísticas del país oriental.

El budismo penetró tanto en China como en Japón en el siglo VI d.C. y aportó en ambos territorios un elemento contemplativo, místico e intelectual. Sin embargo en Japón se producirá con la particularidad de que las primitivas creencias que reinaban continuaron vivas y activas en la religión nacional del Sinto, fue por tanto una superposición y no una imposición que enriqueció ambos dogmas dando lugar a una particular estética.

Aunque no es hasta el siglo X, con la creación de una caligrafía propia, que Japón empieza a desligarse de la cultura china. Su estética se va reinterpretando y nacionalizando hasta que en el siglo XII podemos hablar ya de un arte japonés con entidad propia.

Hacia el siglo XIII se difunden en Japón las enseñanzas de la secta budista Zen, que centrada en la contemplación mantiene una nueva vía hacia la iluminación. Es una filosofía no basada en dioses, culto o palabras. Y de ella derivará la unidad entre contemplación, intuición, poesía y estética, que se manifestará en la ceremonia del té, el arreglo floral (Ikebana), el teatro No, los haikus, la caligrafía y la pintura.

Características generales de la estética japonesa.

Hasegawa Tohaku (1539-1610) - Biombos con pinos entre niebla. Museo Nacional de Tokio.

El arte japonés es austero, no relajado, no descuidado, se trata pues de un arte aristocrático en su concepción, pero pobre en los medios y la materia, ya que los principales pilares son, al contrario de lo que ocurre en el arte occidental, la intuición y la emoción. Los símbolos son más intuitivos que lógicos y con una espiritualidad basada en la naturaleza.

El artista japonés busca la verdad esencial de las cosas en vez de centrarse en la apariencia de éstas. Textos, líneas, colores neutros, hiper-decorativismo, espíritu de soledad, pobreza noble, discreción, modestia, no artificioso, autenticidad, sencillez, simplicidad, sugerencia, espacios vacíos, energía, mutación de lo impermanente, dimensión metafísica de la recreación de la naturaleza, la no concreción de lo universal: niebla…

Una de las grandes características de la estética japonesa es la importancia del vacío, el objeto representado se percibe solo. En las pinturas zen aproximadamente tres cuartas partes del cuadro aparecen limpias. Sin embargo se percibe de una forma clara la gravedad y la pesadez del espacio que lo rodea.

Cual maestro zen abramos nuestra mente a las sensaciones, quitémonos la venda de la racionalidad y dejémonos imbuir de la estética de la intuición.

jueves, 20 de mayo de 2010

REMEMBERING JAPAN: HISTORIA DE UNA PIEZA (I)


Sentarse delante de un bloque de arcilla polimérica y ver que sale es algo que me resulta prácticamente imposible. Mi proceso creativo vive más del trabajo de investigación, del conocimiento, del estudio...

Por eso, a veces, la creatividad se despierta al leer un libro, mirar un cuadro, escuchar una canción o simplemente al mantener una conversación con alguien. A partir de ese instante comienza el trabajo, leer, mirar, estudiar hasta que aparece claramente la idea en mi cabeza. Sentarse entonces en la mesa con un trozo de arcilla es una tarea mucho más gratificante y divertida.

Remembering Japan surgió como resultado de un pequeño artículo que escribí para La Gaceta de A.P.E. en el que intentaba entender las líneas principales de la estética tradicional japonesa.

miércoles, 19 de mayo de 2010

IMITACIÓN DE LA PORCELANA DE DELFT


Desde que estuve en Holanda la primera vez, allá por el año 1992, me fascinó la porcelana de Delft, concretamente el azul intenso y profundo que usan.

Hace unos días retomé la idea de reproducir este color con arcilla polimérica, saqué de la estantería mi caja de la Royal Delft y la puse en mi mesa junto con varias partillas de azul, violeta, blanco, translúcido y negro de Kato Polyclay.

Primero fue el análisis de los matices de azul que tenía en mi cajita y concluí que necesitaba en total seis tonos que iban desde el Azul Delft hasta el Blanco Delft.

El siguiente paso fue mezclar y mezclar hasta encontrar los dos tonos principales el Azul y el Blanco, y a partir de ellos saqué los demás tonos.

Las recetas de estos colores, por si alguien quiere usarlas, las tenéis justo aquí debajo.

Mezclas de colores con Kato Polyclay:

Azul Delft:
Azul: 16 partes - Violeta: 24 partes - Negro: 1 parte

Blanco Delft
Translúcido: 10 partes - Blanco: 1 parte

A partir de estos dos colores base, obtendremos 4 tonos intermedios (1 a 4 de claro a oscuro)

Color 1 - Azul Delft: 1 parte - Blanco Delft: 50 partes
Color 2 - Azul Delft: 1 + 1/4 partes - Blanco Delft: 25 partes
Color 3 - Azul Delft: 1 + 1/2 partes - Blanco Delft: 12 partes
Color 4 - Azul Delft: 1 parte - Blanco Delft: 3 partes