miércoles, 29 de diciembre de 2010

FÁBULA DE NAVIDAD



Érase que se era una ardilla que quería montar una fantástica cena. Pasó meses buscando un local adecuado, contactó con los mejores músicos para que deleitaran a los comensales con fantásticas melodías, habló con proveedores para que no faltara de nada, contrató a chefs altamente cualificados, mandó invitaciones a todo el mundo…

…Pero le faltaba el vino. Levantó el teléfono y habló con una familia de conejitos que importaban el caldo más exquisito.

El conejito se entusiasmó con la cena y raudo y veloz le propuso que ellos regalaban el vino. Como el vino ya lo daba la bodega que lo producía, la familia de conejitos decidió que para que en la cena todo saliera a pedir de boca ellos asumirían todos los gastos de importación y de impuestos.

Los días transcurrían y la familia de conejitos pidió a la ardilla que le regalara una mesa para unos invitados especiales. La ardilla se enfadó muchísimo, no podía creer lo que estaba oyendo, ¿¡cómo tenían la desfachatez de pedirle semejante cosa!?

La bodega habló con ella y le dijo que tenía que regalar una mesa a la familia de conejitos. Pero incluso el día de la cena la ardilla les pidió el dinero de la misma.

Al final no pagaron, pero durante la cena corrió un rumor malicioso que nadie supo de dónde venía. Algunos comensales hablaban de lo malos que eran los conejitos por exigir una mesa gratis y obligar a sus invitados a pagársela. Otros pedían que no se hablara con ellos porque venían de parte de los conejitos.

Además la ardilla pidió a estos invitados que pagaran el cóctel de honor.

La cena salió de maravilla, los asistentes quedaron encantados y durante el tiempo que duró todos ellos rieron y disfrutaron de la compañía. Bueno, todos no, hubo una mesa a la que sólo unos pocos se acercaron.

Poco después supimos que los conejitos no habían cobrado a nadie la cena y que sirvieron mucho más vino del que se bebió durante la cena…

Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia.